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¿Sabemos lo que comemos?

Gracias a una iniciativa de la OCU y de otras asociaciones de consumidores europeas, Mercadona se ha visto obligada a cambiar el packaging de su zumo de granada porque inducía a error al consumidor. Con la campaña ¿Sabemos lo que comemos? y bajo el hashtag #EtiquetasTrampa animan a los usuarios a subir fotos a Twitter de etiquetas engañosas o dudosas. Aunque en la mayoría de los casos el etiquetado cumple con la legislación vigente y los productos no suponen ningún riesgo para la salud ¿hasta qué punto puede afectar una campaña de este tipo a la reputación online de una empresa?

Después de muchos años dedicada al diseño y producción de packaging, sé la dificultad que supone encontrar el equilibrio entre la estética y la información legal. En el supermercado la decisión de compra entre dos productos prácticamente idénticos se toma en segundos y un envase atractivo y con gancho es el reclamo fundamental en el lineal. Creo que muchas veces el problema no está tanto en el tamaño mínimo de la letra o en la falta de información, sino en la dificultad que encuentra el consumidor para entender dicha información, sobre todo en los productos alimenticios. Esto les lleva a sentirse engañados por el “maquillaje” en el naming y en los eslóganes de los productos.

Otra cosa muy diferente es la omisión (intencionada o no) de determinados ingredientes, como sucedió con las hamburguesas que contenían trazas de carne de caballo cuando la etiqueta sólo indicaba vacuno. Gigantes como Findus, Ikea o Nestlé se vieron obligados a retirar estos productos de los supermercados. Aunque el impacto en las ventas en España fue moderado, la reputación de las marcas se vio afectada por su falta de ética y el engaño a los consumidores. La primera reacción de todas las marcas fue echar balones fuera y culpar a los proveedores de la situación, agravando la crisis por no asumir su responsabilidad ante la falta de controles para evitar este tipo de fraudes. Con la confianza de los consumidores perdida, La Cocinera tuvo que invertir mucho dinero en una campaña de prensa y televisión con sus empleados como protagonistas para tratar de restaurar su reputación.

Los consumidores tenemos derecho a saber lo que compramos y a elegir los productos en base a información veraz y fiable. Por eso las marcas no deben garantizar sólo la seguridad y la calidad, sino que deben ser transparentes en todas sus comunicaciones, también en el packaging. Solo así contarán con la confianza de sus clientes y podrán construir una sólida reputación. Con el tiempo veremos el alcance de la campaña de la OCU y si otras grandes marcas siguen el ejemplo de Mercadona.

 

 

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